La alteración de la tensión ocular provoca un daño irreversible en las fibras nerviosas del nervio óptico, provocando una alteración en el campo visual periférico del paciente.

En fases más avanzadas, se va afectando también la visión más central, de manera que el paciente tiene la sensación de mirar a través de un tubo.

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EN COSS, además de la medición de la tensión ocular, realizamos las dos pruebas imprescindibles para el diagnóstico y seguimiento del glaucoma.

Estas son la Campimetria Computerizada y la Tomografia de Coherencia Optica (OCT).

  • La campimetría nos permite evaluar el daño producido en el campo visual del paciente por la enfermedad.
  • Mediante la OCT podemos analizar el daño producido en el nervio óptico. La OCT incorporada recientemente al diagnóstico del glaucoma, es una especie de scanner del nervio óptico, y es fundamental porque se ha podido comprobar, que en muchos casos nos permite realizar un diagnóstico mucho más temprano (3-4 años antes), que utilizando otras técnicas diagnósticas.

Es primordial realizarse un estudio de la tensión ocular una vez al año.

Afortunadamente, en la mayoría de los casos se puede controlar la tensión ocular con colirios hipotensores, siendo éste el tratamiento de primera elección en la mayoría de los pacientes. Si la enfermedad no se puede controlar con colirios, disponemos de una serie de técnicas, que van dirigidas a favorecer el drenaje del humor acuoso, para que disminuya la tensión ocular.

  • Trabeculoplastia láser: Se realiza en consulta con anestesia tópica (gotas). Por medio de los pequeños impactos de láser se crean una serie de conductos de drenaje alternativos para disminuir la tensión del ojo.
  • Cirugía (Trabeculectomía) o su variante Trabeculectomía no perforante. Son las opciones más eficaces y nos permiten las mayores bajadas de tensión. Están indicadas en ojos con glaucoma severo.
  • Implante XEN TM:  Indicado en pacientes con Glaucomas leves o moderados mal controlados, o en pacientes con mala tolerancia al tratamiento con colirios.Es un procedimiento quirúrgico minimamente invasivo, que permite la colocación de un implante tubular para aumentar el drenaje del humos acuoso y disminuir la presión intraocular. Al ser un procedimiento mucho menos agresivo que la cirugía convencional, mucho más rápido (duración de la cirugía entre 10-12 minutos) y que se realiza bajo anestesia tópica (gotas), el índice de complicaciones es mucho más bajo y la recuperación más rápida que con la cirugía convencional, y por ello la está desplazando en muchos casos. Se puede combinar también en el mismo acto quirúrgico con la cirugía de catarata.